El deporte de mayor crecimiento en el país gana cada vez más adeptos en la zona Este de Mendoza. Se multiplican las canchas y se diversifica el perfil de quienes lo practican.


El pádel no para de crecer. En la zona Este de Mendoza, su expansión es evidente: proliferan nuevas canchas y se ocupan espacios impensados, desde viejos galpones hasta terrenos entre viñedos. La fiebre por este deporte atraviesa generaciones y motiva a distintos perfiles de jugadores, desde quienes buscan competir hasta los que lo practican por salud o simplemente por diversión.

A nivel nacional, el pádel es hoy el deporte con mayor crecimiento en cantidad de jugadores y de infraestructura, y Mendoza no se queda atrás. En el Este provincial, ese avance es aún más notorio, quizás por tratarse de una región con menor densidad poblacional, donde los cambios se perciben con mayor claridad.

“El grupo de gente que lo practica es súper variado”, cuentan desde los clubes locales. Hay niños que se inician desde temprana edad, adultos que buscan una alternativa saludable y mayores que encuentran en el pádel una forma amena de socializar y mantenerse activos.

Lola Martínez, una joven jugadora de San Martín de 15 años que comenzó a los 10, resume el espíritu del deporte: “Es muy divertido. Fácil de entender, de jugar. Conocés a un montón de gente nueva, muy respetuosa, y podés sólo jugar para divertirte o jugar para competir”.

El auge también impacta en lo económico: el negocio del pádel se ha vuelto cada vez más rentable, con torneos, academias y clubes que atraen inversión y movimiento comercial en torno a un fenómeno que, por ahora, no parece tener techo.

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