Habita zonas áridas de Mendoza, es casi invisible para el ojo humano y sorprende a los científicos por su particular forma de vida y su rol ecológico.
En los ambientes áridos y semiáridos de Mendoza vive un diminuto marsupial que pocas personas conocen: la marmosa. De hábitos nocturnos y movimientos sigilosos, este pequeño animal comenzó a despertar el interés de investigadores del Conicet, ya que gran parte de la información disponible sobre su biología es limitada o desactualizada.
En Argentina se identifican seis especies de marmosas, dos de las cuales habitan en Mendoza: Thylamys pallidior y Thylamys bruchi. Son animales de pequeño tamaño, con pelaje suave de tonos claros y oscuros, grandes orejas y una cola prensil que les permite desplazarse tanto por el suelo como entre arbustos y árboles.
A diferencia de otras comadrejas, las marmosas no poseen marsupio, lo que significa que no cuentan con una bolsa para resguardar a sus crías. Esta característica, sumada a su tamaño y a su actividad nocturna, explica por qué pasan desapercibidas. Según explica Rosarito Sánchez Dómina, becaria doctoral del Conicet e integrante del Iadiza, una de las especies locales presenta un ciclo de vida poco común: Thylamys bruchi se reproduce una sola vez y luego muere, una estrategia reproductiva extremadamente rara entre los mamíferos.








