El río San Juan presentará un caudal estimado entre 531 y 614 hectómetros cúbicos, lo que representa casi la mitad del volumen registrado en el ciclo anterior. Esta situación genera preocupación, ya que varios embalses de la región se encuentran en niveles críticos, lo que impactará directamente en la disponibilidad de agua para riego y otras actividades.
El valle de Tulum, en San Juan, enfrenta una grave crisis hídrica en el ciclo 2025/26. El río San Juan, su única fuente de agua, aportará entre 531 y 614 hm³, muy por debajo de los 950 hm³ proyectados y con una caída de hasta 40% respecto del promedio de los últimos cinco años. Esta situación se refleja en los embalses, muchos de ellos en niveles críticos, lo que ya comienza a afectar la disponibilidad de agua para consumo humano y riego.
La reducción de recursos obliga a recortar la entrega de agua para riego entre 5,5% y 18,3%, priorizando el abastecimiento de las personas y la seguridad de las presas. A esto se suma una sequía prolongada que ha disminuido el caudal promedio del río en un 50% en las últimas dos décadas, acompañada del retroceso de glaciares y la pérdida de superficies de hielo, lo que agrava la escasez y pone presión sobre la producción agrícola.
El informe del CIGIAA subraya que la crisis no es solo climática, sino también estructural. La distribución actual del agua es ineficiente: se riega más superficie de la efectivamente cultivada y los sistemas presentan pérdidas superiores al 80%. Además, el acuífero del Tulum muestra signos de deterioro, con descenso de niveles y riesgo de subsidencia. Los expertos recomiendan un cambio profundo en la gestión, con planificación plurianual, distribución basada en la superficie cultivada, modernización de canales y control del uso de agua subterránea para evitar que el problema se vuelva irreversible.







